sábado, 25 de octubre de 2008

Bali y las Islas Gili

Cogíamos el avión hacía Bali teniendo las recomendaciones tanto de Calvillo como de Batlle, los cuales habían ido unas semanas antes. Evidentemente el plan de viaje no era ni mucho menos el mismo, pero ya era un inicio, ya que la mayoría de gente a la que habíamos preguntado, nos comentaron que no valía mucho la pena ir.
Después de 3 horitas de vuelo, nos platamos en el aeropuerto a la 1 de la madrugada, con la idea de ir a la playa de Kuta. Al intentar compartir taxi con más gente ( para seguir arañando algún dinerillo de todos lados), nos encontramos como habían 2 Alemanes ( con sus respectivas cervezas en la mano), que estaban esperando a unos amigos que venían en el mismo avión. Entre broma y broma acabámos compartiendo el taxi entre los 6 que, como podeis imaginar, junto con todas las mochilas, parecíamos sardinas enlatadas dentro del coche.
De camino al destino, nos comentaron que estaban en Bali estudiando ( vaya chollo), y que cada fin de semana había mucha fiesta, y que por supuesto nos uniéramos con ellos, ya que era sábado, y todo el mundo salía. Evidentemente no era nuestro plan inicial, ya que teníamos que buscar hostal a las tantas de la mañana, y además teníamos ganas de descansar. Así que decidimos usar el comodín de " vamos a buscar alojamiento y nos vemos luego por ahí", a lo que, ante nuestra sorpresa nos dijeron que no tenían más sitio en su piso porque alojaban a los dos amigos, pero que tenían otros compañeros que tenían una casa grande y que no había problema en que nos quedaramos ahi a pasar la noche, y que si nos los ganábamos, podíamos estar más días.
A pesar de estar un poco reacios, decidimos ver el percal antes de darles una respuesta, así que fuimos en dirección a la urbanización Mira Selva, y nada más entrar ya vimos que había algo extraño, ya que la primera visión fué un ciervo corriendo por el jardín. Ante nuestro asombro nuestro nuevo amigo Irakí-aleman nos señaló con el dedo un recinto cerrado donde tenían también un cocodrilo.
Al entrar en la casa y dejar las cosas en un salón de la planta de arriba en la que tenían un colchón inflable estirado en el suelo, nos miramos el uno a otro, y nos dijimos: " vaya historia para el blog". Evidentemente por seguridad, y ante la posibilidad de que estos individuos se pagaran su estancia en Bali a costa de turistas confiados ( o primos según se mire) como nosotros, nos llevamos todo el dinero, así como el pasaporte.
Decidimos irnos de fiesta con nuestros nuevos amigos, y al salir de la casa, nos dijeron que no había problema con la hora de llegada, ya que la puerta siempre estaba abierta. Ante nuestras caras de sorpresa delante de este hecho tan poco habitual, llegaron las consiguientes explicaciones, y de verdad que no fueron las que esperábamos.
Nos dijeron que la puerta estaba siempre abierta, que dejaban todo los objetos de valor a la vista sin problemas, porque era una urbanización a la que nadie se atrevía a entrar para robar. Y el motivo era, que el propietario del terreno y de las casas era el capo de la droga de la zona, que vivía en la casa contigua. Así que allí estábamos nosotros, recién llegados a Bali, con nuestras cosas en casa de unos estudiantes que tenían alquilada la casa a un narcotraficante.
La noche no dió para mucho más, y nos retiramos pronto a dormir, con la sensación de que aquel sitio estaba plagado de gente occidental con ganas de mucha fiesta, pero que no dejaba de ser el Benidorm de Bali. Dormimos en nuestro colchón inflable ( por cierto, super incómodo), y al mediodía decidimos ir a buscar un hostal, ya que era demasiado abusivo estar más tiempo ahí.
Después de encontrar alojamiento, fuimos ha hacer lo más popular de la isla y por lo que es tan popular; el surf. Para ello, utilizamos de nuevo la hospitalidad de nuestros amigos, que nos habían dicho que podíamos usar sus tablas, así que volvimos a Mira Selva en busca de ellas.
Al entrar en el agua, ya nos dimos cuenta de que las olas eran de un tamaño más grande a lo normal, pero como no podía ser menos, los dos españolitos tenían que meterse en el meollo, sin tener ninguna experiencia anterior. Con todo ello, y en la zona donde rompían las olas, nos fué imposible coger ninguna, y lo que si que hacían eran caernos encima una y otra vez. Con tanto revolcón, tragada de agua, y de nuevo revolcón, nos dimos cuenta de que para llegar a C, casi siempre hay que pasar por B. Así que nos fuimos a donde nos tocaba, a la orillita, con la espumita, y intentando con más o menos éxito levantarse encima de la tabla.
Mientras Prada lo seguió intentando toda la tarde, Barbe, con el estómago aún lleno de agua de mar, decidió ver los toros des de la barrera. El día siguiente lo pasamos en la playa, Prada con el surf, y Barbe sin más ganas de tragar agua.

Nuestro siguiente destino era, después de la recomendación de Batlle, las Gili, un conjunto de 3 islas, situado muy cerca de Lombok, la isla contigua a Bali. Así, empezaba nuestra travesía en busca de más aguas cristalinas. Después de coger un mini-bus a las 6 de la mañana, que nos llevaran a un puerto, que esperáramos a un Ferry que tardaría 5 horas en llegar a la otra isla, otro mini-bus para acercarnos y finalmente una barquita típica de pescadores, llegamos a Gili Trawangan cerca de las 7 de la tarde ( seguro que tu fuiste en avión eh Batlle). 13 horas de trayecto, pero que nada más llegar vimos que habían valido la pena. La isla era la más grande de la 3, y para que os hagais una idea, todo el perímetro se hacía en 35 minutos corriendo, nada.
Después de instalarnos en un hostal a apenas 50 metros del agua ( no es dificil, todos lo estan) y de pegarnos nuestro primer baño, fuimos en busca de algún lugar para cenar. Como nos suele pasar siempre, cuando decidimos uno que esté bien calidad-cantidad-precio, nos convertimos en sus mejores clientes durante nuestra estancia. Si, lo sabemos, somos así de originales. Esta vez, la elección fué perfecta, ya que después de tiempo ibamos a comer realmente sano. Nos decidimos por un restaurante que ofrecía buffet libre de ensalada si pedías carne o pescado a la barbacoa. La verdad es que nosotros estábamos interesados sólo en la ensalada, ya que era completísima y además la acompañaban de unas salsas, que para nuestro paladar habían dejado de existir; así que pedimos alternativamante pinchito de carne y de atún durante los 4 días ( evidentemente era lo más económico), y nos poníamos ciegos de ensalada ( ya sabes Jacobo....value for money). Como aún y así se nos iba bastante de presupuesto, la alternativa fué desayunar tarde y cenar pronto, así evitábamos la comida. Fué perfecto y no pasábamos nada de hambre, aunque a partir de las 6 de la tarde ya deseábamos que llegaran las 8, como el niño que está en clase esperando que suene la campana para ir al patio corriendo.
Los días en la isla fueron de los más estresantes de nuestras vidas, nos levantábamos cuando el despertador interno marcaba, ibámos directamente a la playa con la toalla, las gafas de bucear y el tubo, y nos dedicábamos todo el día a hacer snorkelling en unas aguas de color turquesa, donde a apenas 5 metros de la orilla podías encontrar una vida submarina increíble. Sólo existía un pequeño problema, y esque había una corriente fuerte que no se podía salvar nadando, y que te llevaba en perpendicular a la playa. Así que como si de un parque acuático se tratara, nos metíamos en el agua, nos dejábamos llevar por la corriente, sin necesidad ni si quiera de nadar, y veíamos pasar a nuestros pies miles y miles de peces de todos los colores y tamaños. Cuando llegábas al final de la playa, salías, te dabas un paseito por la orilla viendo el paisaje y te volvías a meter en el punto que querías para repetir de nuevo la operación.
Otro método que utilizamos, era el de quedarse cogido a la cuerda de algún barco anclado, mientras el agua intentaba sin éxito llevarnos hacia abajo. Poco a poco fuimos depurando la técnica y ya bajábamos por la cuerda para ver el fondo con más claridad. A destacar las tortugas gigantes de aproximadamente un metro con las que nadamos y jugamos en un par de ocasiones ( vimos un total de 5), el pez gatillo que le pegó un muerdo a Prada ( y es que ya le avisaron en el curso que no te puedes meter en su territorio), y el tiburón que encontró Barbe en una cueva submarina en la inmersión que hizo. Como os hemos dicho antes, demasiado estrés para el cuerpo.
Por la noche intentamos encontrar algún sitio para tomar algo, pero la gente estaba toda en plan relax, y a partir de la 1 quedaba poca gente en los bares. Tampoco fué mal, porque tirarse todo el día en el agua arriba y abajo, mira que pez, me hundo para verlo mejor, llego arriba casi sin aire, vuelvo a hundirme a ver si llego al fondo y así continuamente....puede con cualquiera, y las noches, como buenos niños, a dormir prontito.
Como todo en esta vida tiene un final, y más si es bueno, los días pasaron volando, y a la hora de marcharnos, nos quedó la sensación de que podríamos haber estado una semana más con nuestro plan. Siempre nos queda el consuelo de que tenemos muchos años por delante para repetir los mejores destinos, y este, probablemente será uno de ellos, aunque eso si, y sin desmerecer la compañía del uno con el otro, la próxima vez lo haremos con pareja.
Para terminar nuestra estancia en Bali, otras 13 o 14 horas de medios de transporte para llegar al aeropuerto, a destacar el trayecto en Ferry, tirados ( literalmente) en la cubierta con un sol de justicia y otras 4 horitas en la terminal. Poníamos punto final a Indonesia y cogíamos un avión con otras 430 personas con destino a nuestra última parada asiática.

Fotos:
http://picasaweb.google.com/guillermo.de.prada/BaliYLasIslasGili#

sábado, 18 de octubre de 2008

Cambio de tercio

El pasado dia 6 se cumplieron cuatro meses desde que dejáramos nuestra añorada Barcelona, si bien nos parece que ha pasado una eternidad desde que familia y amigos nos despidieron en el Prat un 6 de junio que hoy recordamos como remoto. Ya es un tercio del camino lo recorrido y, aunque (si la suerte sigue acompañándonos) todavía tenemos ocho suculentos meses de andadura por delante, cada día que pasa difumina nuestro recuerdo de aquél 6 de Junio y hace que veamos el final de esta aventura un poco más cerca.

Con este motivo, nos gustaría dedicar esta entrada a compartir nuestras impresiones sobre lo hasta ahora vivido, con todos aquéllos que hayan seguido este humilde blog en algún momento durante este primer tercio de nuestro viaje.

¿Por dónde empezamos? Vamos primero a por lo fácil: los países visitados. Rusia, Mongolia, China, Vietnam, Camboya, Laos, Tailandia, Malasia, Singapur e Indonesia. STOP. Nota al pié: Pedimos disculpas de antemano a todos los habitantes de aquéllos paises que hayamos visitado hasta la fecha por lo que podamos escribir a continuación. Nuestra dinámica de viaje (y esto sigue siendo parte de la nota al pie) nos ha hecho visitar muchos paises en un espacio de tiempo relativamente corto, lo cuál básicamente deriva en que no duramos, por lo general, más de dos o tres semanas en cada país. Es evidente que lo que se puede llegar a conocer de según que paises en ese tiempo es minúsculo, y que para conocer mínimamente algunos de ellos (véase China) se necesitarian al menos los doce meses que este viaje pretende abarcar. Por ello, algunas de las opiniones de podamos compartir a continuación pueden no ser relamente representativas de los países en cuestión sino tansólo de aquellas partes que, para bien o para mal, hayamos visitado. Dicho esto, sigamos...

Rusia fué, especialmente Moscú, muy bonito aunque es uno de losl paises que, de los que hemos visto hasta hoy, menos nos ha aportado por ser el más parecido al nuestro. Aún así, fué un buen destino de transición entre nuestra España natal y la Asia más profunda. Rusia es uno de esos paises que nos encantó ver pero que se devaluó en cuanto pisamos nuestro siguiente destino, algo que nos ha pasado en otras ocasiones. El transiberiano fué una experiencia única aunque muy distinta de la que esperábamos. Pasar cuatro dias seguidos sin salir de un bagon de dos por dos metros recorriendo Rusia fué una experiencia que siempre recordaremos como algo especial pero que seguramente no repetiríamos. Visto en perspectiva, lo agradecemos como gran terapia de choque contra las horas y horas de autobús que más adelante hariamos en Asia.

Mongolia fué la primera gran sorpresa de este viaje y el primer gran fallo. Sorpresa porque no esperábamos encontrarnos con los paisajes increíbles de los parques mongoles y fallo porque sólo estuvimos tres dias por tener los billetes de tren hacia China comprados de antemano. Primera gran lección: hay que dejar más espacio para la improvisación.
Pekín fué nuestro primer contacto con el curioso submundo que es China, así como el primer lugar donde dedicamos unos días a descansar, después de haber recorrido 8,000 km en tren. La ciudad nos sorprendió por su modernidad y su gente por la amabilidad que muestran en todo momento. Además de Pekín, de China nos gustó Hong Kong, donde lo mejor fué encontrarnos con Mr. Albert Calvillo y conocer a sus amistades. Guangzhou nos demostró que en Europa somos cuatro gatos y que en China cualquier ciudad mediana tiene tantos habitantes como media España.

De China al sudeste asiático, que seguramente ha sido lo más divertido hasta la fecha. Vietnam fué especial por ser el nexo de unión con los que han sido nuestros compañeros de viaje durante los últimos casi tres meses y por tener algunos tramos muy bonitos, aunque una vez vistos Camboya y Laos, Vietnam queda en el recuerdo en segundo plano. ¿Quizá porque pecamos de avaros y quisimos hacer vida de playa en un país del que la playa es el menor de sus activos? Puede ser, pero la realidad es que recordaremos Vietnam como algo mediocre comparado con sus vecinos. Laos y Camboya fueron otra gran sorpresa. Quizás también porque eran dos de los paises sobre los que menos conociamos y por ello las expectativas eran menores. Lo paradójico es que, tanto viajando como en otros ámbitos, suele darte más aquél de quien menos esperas recibir. Camboya por sus espectaculares templos, por su naturaleza, por la curiosidad de ver a gentes que viven literalmente en cabañas. Laos por sus paisajes, sus monjes, sus mercadillos ambulantes, y por bajar el Mekong en donut parando en los bares en su orilla. Tailandia fué lo más divertido. Porque combina playas espectaculares con calidad de vida occidental y un ambiente festivo de mucho cuidado (véase la Full Moon Party).

Malasia es seguramente la gran perdedora de nuestro paso por el sureste asiático. Todo sea dicho, sólo vimos Kuala Lumpur, su capital, pero el país en sí nos dejo un sabor de boca un tanto amargo. No nos pareció que Kuala Lumpur puediera ofrecer (dejando de lado sus torres Petronas de 451 metros de altura) que no hubieramos visto ya en otras ciudades asiáticas. Singapur no nos sorprendió como destino turístico pero sí nos cautivó como posible destino en el que llevar una vida europea a orillas del pacífico. De Indonesia hemos visto poco (sobretodo teniendo en cuenta su tamaño) pero lo que hemos visto nos ha cautivado. Paraiso del surf y del buceo, es una Tailandia un tanto menos desarrollada, con olas más grandes y muchos menos turistas, lo que la hace de él un país todavía más exótico (sobre Indonesia escribiremos en la próxima entrada).

En resumen, si lo que se busca es un viaje de naturaleza y conocer otros modos de vida, Camboya y Laos son el destino. Si lo que prima es la diversión, la vida nocturna y los paraisos bajo agua, Tailandia o Indonesia son el país. Si lo que se quiere es cambiar de aires y mudarse a un pais asiático, Singapur, Hong Kong e incluso Pekín (con un poco más de esfuerzo en cuanto al idioma) son tres grandes opciones Y si lo que alguien pretende es vivir una experiencia como ninguna otra, entonces el transiberiano es su tren. (Y si alguien le gustan las emociones fuertes y lo que quiere es ser extorsionado por la policía rusa, el camino más rápido es comprarse un billete a Moscú....)

No sería una cuestión fácil, pero si tuvieramos que decidir un sitio al que volver, seguramente serían las Islas Gili en Indonesia y las islas tailandesas. Eso, porque somos unos enamorados del mar. Y día cada día que pasa, más. Si no lo fuéramos, seguramente escogeríamos Laos o Camboya.

Si, al contrario, tuviéramos que volver a todos los destinos menos a uno, es bastante probable que Rusia (lo sentimos Sr. Medvedev) o Vietnam se quedasen fuera.

A ver, sigamos. Sobre algunas de las preocupaciones que teníamos antes de salir de casa. La maleta, por ejemplo. Aquí sí que no hay nada que discutir. Simplemente, nos hemos pasado de ropa. Aunque es cierto que todavía nos quedan casi ocho meses y que el clima puede variar algo, sin jerseys y con un sólo tejano hubiéramos sobrevivido sin problemas. El cuántos llevamos nos lo reservamos. De los tres pares de zapatillas que llevamos, con dos (unas para correr y otras para salir) bastábamos. Del botiquin, nos sobra todo excepto el Augmentine para las infecciones de oído, el Ibuprofeno porque nunca se sabe cuando te puede doler una muela o los mismos oídos y el Fortasec por lo que es evidente (aunque es prescindible si se tiene acceso fácil a un buen plato de arroz). El ordenador pesa pero es fundamental para ir escribiendo las entradas del blog en momentos de lluvia, como el de ahora mismo, o en noches de insomnio, como la de ayer. Ah, y para los escépticos que se reían de Prada: la guitarra, imprescindible al cien por cien. Y el trípode, aunque no nos moriríamos sin él, nos ha permitido hacer fotos nocturnas (véase Hong Kong, las Petronas o la Plaza Roja) que nunca hubiéramos podido hacer de otra forma. Conclusión: estamos cargando cinco kilos de más porque sí, lo cuál era previsible. Pero nos están haciendo más hombres...

Venga, siguiente. La comida. Sin grandes problemas. A pesar de que hemos tenido un par de "indisposiciones" por barba, creemos haber superado con nota el examen asiático, sin duda el tramo gastronómicamente más complicado del viaje. Dietas a base de fideos fritos con vegetales y carne, pollo, o atún, lo mismo pero en arroz, y las hamburguesas con queso han sido los permanentes inqulinos de nuestros estómagos durante casi cuatro meses. Bastante fruta (unos más que otros), algunos currys (Giorgio, David: ni en Malasia lo hacen como el Grossman) y infinitos batidos de plátano y coco han puesto el resto. Es verdad, monótono. Pero barato. Pensad que nos hemos alimentado por una media de unos 5 euros al día.

Sobre el presupuesto, no podemos decir gran cosa porque no nos hemos puesto a hacer cuentas seriamente. Es que no tenemos tiempo ;). A groso modo, en Rusia estuvimos muy fuera de presupuesto aún habiéndonos marchado sin pagar el hostal. En China pecamos de novatos y acabamos hospedándonos en un hostal que estaba por encima de nuestras posibilidades, así que creemos que nos gastamos gastamos algo más de lo que tocaba. En Vietnam, Laos y Camboya gastamos bastante menos de lo presupuestado, seguramente un 70 u 80 por ciento, aunque ya contábamos con ello para compensar los precios de Rusia, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. En Tailandia estuvimos ligéramente por debajo del presupuesto porque se nos fué la mano con las inmersiones y los cursos de submarinismo, y además porque cogimos un avión que tuvimos que pagar aparte. En Malasia gastamos muy poco y en Singapur nos gastamos demasiado en comidas y salidas, aunque tuvimos alojamiento con piscina por la patilla. Creemos que, globalmente, estamos un poco por debajo de lo presupuestado en su día, lo cuál no nos pone las cosas fáciles porque los dos tercios de viaje venideros van a ser sustancialmente más caros que el primero. Qué se le va a hacer...habrá que comer mucha fruta, poca carne, compartir cama y, a las malas, tocar la guitarra por las calles.

Y luego está la convivencia...uy, la convivencia. Vivir veinticuatro horas al dia juntos durante ahora ya más de 130 días no es moco de pavo. Si a eso lo añadimos que tenemos que tomar decisiones cada dos por tres, la cosa se complica aún más. De acuerdo que no son decisiones de estado, pero el cuándo llegar, qué ver, qué no o cuándo irnos, son decisiones que hay que tomar y, siendo dos, el consenso es lo único que vale. Y, para qué nos vamos a engañar, aquí los mendas somos bastante cabezotas y cada uno quiere siempre salirse con la suya. Y ahí empiezan los roces, que ádemás de previsibles, no dejan de ser roces del día a día como los que tiene cualquier matrimonio. Y es que lo nuestro es, valga el símil, como un matrimonio sin sexo, lo que lo hace todavía más difícil...Bien seguro que el dia que nos llegue la hora de vivir en pareja estos meses de convivencia valdrán su peso en oro.

Piques puntuales a parte, la realidad es que hasta la fecha hemos sobrevivido decentemente el uno con el otro. El hecho de haber viajado acompañados casi tres de los cuatro meses de recorrido ha ayudado bastante. Si no, puede que ya estuviérmos de vuelta en Barcelona con un ojo morado cada uno. De hecho, viajar con más gente durante cierto tiempo es lo más divertido y seguramente lo mejor para preservar la salud mental. Y decimos cierto tiempo porque la experiencia demuestra que viajar con exáctamente la misma gente durante más de dos o tres meses crea más enemigos que amigos.

Para la tranquilidad de nuestros padres, vamos a viajar también acompañados durante los próximos dos meses, así que la continuidad de este peculiar matrimonio está bastante garantizada hasta que crucemos el ecuador de nuestro periplo por el mundo.

Si nos preguntáis que ha sido lo mejor y lo peor, ahí lo tenéis:

Lo mejor: Conocer Asia. Pablo. Xavi. Javi. Cris. Jabobo. Decir gracias en chino. Bañarse entre peces. El surf. Las inmersiones. Recorrer la Gran Muralla. Las cascadas. Un chapuzón en un cráter volcánico. Las llamadas a casa. Khao San Road. Los batidos de plátano y coco. Las excursiones en moto. La playa. Los paseos en bici. Revivir la guerra de Vietnam. Las Petronas. La hospitalidad de Huy. Su piscina. Ver a España la Eurocopa. Y a Rafa Nadal Wimbledon. Este blog y los comentarios que nos dejan (que aunque no son muchos, los apreciamos como no os imagináis...).

Lo peor: Los autobuses. Hacer la maleta. Deshacerla. Los autobuses. Las cucarachas. Las despedidas. La lluvia. El "ya no nos queda Fortasec". Las peleas. Los autobuses. Y poca cosa más.

Pues sí, esto han sido los primeros cuatro meses de odisea. Seguramente cambiaríamos cosas si pudiéramos volver atrás en el tiempo. Pero como no podemos, que nos quiten lo bailao.

Disculpas por el rollazo, se nos ha ido de las manos. Desde aquí nos comprometemos a invitar a una cerveza a todo aquél que haya conseguido leer toda esta parrafada de una sola vez. Y si le haya parecido interesante, entonces está invitado a una cena a nuestra costa.

Un abrazo.

Barbe y Prada

viernes, 10 de octubre de 2008

Malasia y Singapur

En Koh Tao nos despedimos de Xavi y Jacobo y con ello cerramos una gran etapa en nuestro viaje. Ya hace casi tres meses desde que nos encontráramos por completa casualidad y, aunque al principio ninguno de nosotros estaba muy seguro de que nuestra convivencia fuera a funcionar, si lo hizo. Javi, Cris, Jacobo, Pablo y Xavi: ha sido un auténtico placer y un privilegio viajar con vosotros.

Así pues, muy a nuestro pesar pero con la obligación de cumplir nuestro plan inicial, dejamos Koh Tao en un ferrry nocturno que se balanceaba más que un columpio pero que no hubiéramos cambiado por ningún autobús. A las 5 de la mañana nos despertamos en el puerto de Surattani, en Tailandia, donde cogimos un minibus que pensábamos nos llevaria hasta Kuala Lumpur.

Sin embargo, el minibus nos dejó en un pueblucho malasio del que no conocemos ni siquiera el nombre. Allí, para nuestra sorpresa, tuvimos que esperar seis horas (¡seis!) bajo un calor abrasador. Por suerte, hace ya muchos años que los americanos decidieron exportar su Kentucky Fried Chicken a todos los rincones del planeta, y así nosotros pudimos pasar la mayoría de las horas de espera en uno de los pocos oasis de aire acondicionado que habían en tan recóndito pueblo. Finalmente, cogimos el autobús sobre las 10 de la noche con más sorpresas: ¡¡Qué autobús!! Sabemos lo que estáis pensando: "una mierda de autobús no es sorpresa a estas alturas...". Cierto. Y es que la sorpresa fue otra. Como un regalo del cielo, pasamos todo el trayecto hasta Kuala Lumpur tumbados en los superasientos superreclinables de un superautobús. Dormimos como bebés. La verdad es que Dios fué justo porque después de la cantidad de kilómetros que hemos recorrido en autobuses-patera nos merecíamos algo así. Gracias Señor.

A las 4 de la mañana conductor nos despertó de nuestro eterno sueño cual príncipe a su bella durmiente. Habíamos llegado a Kuala Lumpur. Otra vez mochilas a la espalda y a buscar hostal. Después de ser asaltados por los "relaciones públicas" de los diferentes hostales, nos instalamos en uno en China Town, de una calidad tal, que la primera mañana se nos partió una de las camas y tuvimos que cambiar de habitación. Kuala Lumpur algo más caro que Tailandia así que en esta ocasión tuvimos que volver a decantarnos por una habitación con lavabo compartido con el resto de la planta. El lado positivo es que, sin lavabo dentro, es más improbable que las cucarachas intenten colarse en tu equipaje...

Ya bien dormidos y comidos, nos tiramos a la calle en busca de la atracción turística número uno de Malasia: las torres Petronas. Estos edificios gemelos de 451 metros que un dia fueran los edificios más altos del mundo (y que hoy han quedado relegados al segundo puesto en beneficio de un edificio taiwanes) son seguramente los más espectaculares que hemos visto y, para qué engañarnos, que veremos en este viaje. Sobretodo de noche, tienen una planta imponente (veánse las fotos). Lo único que reprocharles es que no se puede subir hasta arriba del todo sino solamente hasta un puente que los dos edificios a unos 180 metros del suelo. Tarjeta amarilla para los dueños del edificio. Debajo de las inmensas torres se esconde un no menos inmenso centro comercial donde uno no deja de sorprenderse de los límites a los que ha llegado la globalización: Zara y Mango en Kuala Lumpur.

Entre las torres y China Town (donde dormimos) se encuentra, para reafirmar que Kuala Lumpur es una ciudad de altura, una torre de comunicaciones de 410 metros aunque no subimos porque costaba dinero...seguimos muy pero que muy rácanos, no lo vamos a ocultar. También de camino a casa nos dejamos perder por las calles de Little India, donde nos vimos metidos, por sorpresa, en una manifestación por los derechos de los indús en Malasia. Tan metidos estuvimos, que nos grabaron las cámaras de televisión. Es que estamos tan morenos que se nos confunde con indús (sombretodo a quién escribe estas lineas, de pelo rojo).

Vistas las torres, subido al puente que las une, hecho ver que comprábamos en el inmenso centro comercial, dormido en China Town, recorrido Little India, visitado el Mandarin Oriental (Calvillo, tú ya nos entiendes)...¿qué hacemos? Pues lo que hacemos siempre cuando se nos acaban las atracciones turísticas y para lo cual ya hemos encuñado un nuevo término: callejear. Sin rumbo. Sin destino. Sin objetivo alguno más que el de sentirnos parte de la ciuidad.

Lo primero que uno descubre "callejeando" por Kuala Lumpur es que, a diferencia de el resto de grandes ciudades asíáticas, su población es mayoritariamente musulmana. De hecho, no hace falta "callejear" demasiado para percatarse. Los cánticos islámicos que se pueden escuchar cada ciertas horas (incluidas las de madrugada) son pista suficiente. Es lo que tiene visitar una ciudad musulmana en pleno Ramadán.

Y lo segundo en ser descubierto es que Kuala Lumpur tiene poco más que ofrecer. Será porque ya hemos visitado ciudades como Bangkok, será porque llegamos a Malasia un tanto cansados o será porque añorábamos las aguas cristalinas de Koh Tao. Puede ser, pero la cuestión es que nos pasamos los dos últimos días un tanto aburridos. Tanto, que Prada incluso se fue solo al cine ante la negativa de Barbe a ver una película en inglés no subtitulada (por cierto, gran película: Rumulus, my father. Ni idea del título en castellano).

Y así, tras tres dias de visitas a torres gigantes, increíbles centros comerciales e intenso callejeo, y otros dos de aburrimiento profundo nos encaminamos hacia Singapur.

Tras un viaje de siete horas sin más novedad que la de que nos volviera a tocar un autobús de lujo (Señor, déjalo ya porque vamos a acabar acostumbrándonos...) nos plantamos en Singapur. Desde la estación de autobuses, teníamos indicaciones exactas de como llegar a casa de quien haría de anfitriona durante los siguientes cuatro días: Huy. Huy (se pronuncia joi) es la novia australiana de Don Albert Calvillo, a la que conocimos en Hong Kong y que amablemente se ofreció para acojernos en su piso durante nuestra estancia en la ciudad más al sur de la península de indochina. Nosotros, que cedemos fácilmente ante la amabilidad y que no rechazamos nada que nos pueda ahorrar una perras, accedimos encantados.

Sobre las 7 de la tarde llegamos al humilde piso de Huy, muy céntrico, con piscina casi olímpica, gimnasio y parking. Y si ya casi nos saltan las lágrimas al ver la piscina, Huy nos hizo llorar a moco tendido cuando nos recibió entre surtidos de embutido, berberechos y pan con tomate...Diez puntos para Huy. Todo sea dicho, aunque preparado por una australiana, el pan con tomate y el embutido sabía muy català (esta vez diez puntos para Calvillo por la clase pà amb tomàquet). Los berberechos...bueno, eran...dejémoslo en que en Singapur los berberechos no son la especialidad.

Como buena ejecutiva de marketing que es, Huy supo vendernos la ciudad como nadie. Desplegando todo su arsenal de técnicas de venta, nos conquistó a base de marisco, dim sum (tapas chinas) y vasos de vino australiano. Profesional, muy profesional.

Durante los cuatro dias siguientes a nuestra llegada, fuimos guiados por toda la ciudad. El fin de semana anterior a nuestra llegada se había disputado el GP de Fórmula 1 en Singapur, así que pudimos ver gran parte del circuito urbano, que seguía sin desmontar. Incluso vimos las marcas que Nelson Piquet dejó al estamparse contra las vallas durante la carrera (ver foto). También recorrimos las calles de Little India, del barrio árabe, por supuesto de China Town (y ya es la cuarta que vemos además de la China real, prou ja!). Cenas en Clarke Quay (epicéntro de la vida nocturna), copas en el Raffles Hotel (el más famoso de la ciudad), paseos por los jardines botánicos y baños en la piscina fueron la guinda a ese oasis de cuatro días a todo lujo que vivimos en Singapur.

Todo sea dicho. Como destino turístico, Singapur puede no ser tan interesante como otras ciudades asiáticas como podrían ser Pekín o Bangkok, ya que el ambiente, si bien la gente es fundamentalmente de origen chino, es más bien occidental. Que no se nos mal interprete. En Singapur se pueden hacer mil cosas y te lo pasas en grande (especialmente si se tiene una anfitriona como la que tuvimos nosotros), pero no tiene ese tipo de atracciones turísticas que no se pueden ver en otras partes del mundo. Para que nos entendamos, le falta una Torre Eiffel, una Gran Muralla o un Khao San Road para otorgarle un atractivo turístico especial.

Sin embrago, si que es muy interesante observar la vida que puede llevarse en Singapur. Ambiente totalmente occidentalizado, precios más que razonables (es seguramente lo más asiático de la ciudad), edificios gigantes, lo que significa trabajo para todos, combinados con multitud de espacios verdes, sin caos, y las islas tailandesas, malasias e indonesas a tiro de piedra (y por dos duros) para un fin de semana de desintoxicación laboral de vez en cuando. Gran calidad de vida la de Singapur. Ahí queda dicho para quién tenga en mente un cambio de aires.

Tras una despedida muy triste aunque sabrosa (con más embutidos y pan con tomate), nos encaminamos hacia el aeropuerto, donde cogeríamos un avión hacia Bali, Indonesia, sobre la que escribiremos a su debido tiempo...

To Huy: Even though this blog is normally written in Spanish, we can not finish this post without spending a few words on thanking you for the nice stay we had with you at your place. Thank you for taking care of us even on the days you had to work, for taking us everywhere, and for the "pamtumca", which certainly made us feel like home. As spoken, we owe you and Calvs a dinner wherever we meet again, whenever that may happen. Hopefully soon. Thanks very much for everything. Enjoy the wine and take care.

Y al resto, esperamos nos disculpéis por la inmensa parrafada (acorde con el tamaño de las Petronas), pero es que cada dia disfrutamos más escribiendo en este blog.

Las fotos ya están disponibles aquí:

http://picasaweb.google.com/guillermo.de.prada/MalasiaYSingapur#

Un abrazo,

Barbe y Prada

domingo, 5 de octubre de 2008

Tailandia (2): Koh Phangan y Koh Tao

Después de nuestra estancia un tanto problemática en Phi Phi ( clima y enfermedades), nos dirigimos a las islas de la costa este de Thailandia en busca de la Full Moon Party. Desde aquéllos primeros días en Vietnam en los que dejamos de viajar sólos, se había marcado el 14 de Septiembre como día clave para estar en la isla de Kho Phan Ngan. Y allí estábamos, los 4 supervivientes del grupo, después de la última baja de Pablo por problemas médicos y universitarios, viajando en un ferry nocturno hacía nuestro siguiente destino.
Para poder aclimatarnos bien al terreno y a las costumbres locales, decidimos adelantar nuestra llegada 5 días, y así tener tiempo también de calentar motores. La idea inicial, era alquilar motos durante el día para ver toda la isla y por la noche ir a la playa a escuchar música y . tomar algo. Evidentemente, como toda idea inicial, no la cumplimos, y evidentemente también, no sacrificamos la vida nocturna, así que dejamos lo de las motos para otra ocasión. La rutina era salir por la noche hasta que el cuerpo aguantara, dormir hasta tarde y bajar a la playa para aprovechar los últimos rayos de sol. Esto que parece tan simple, no lo era tanto, ya que con nuestro plan de presupuesto limitado, y dado que para esas fechas todos los hostales estan a unos precios desorbitados, tuvimos que optar por ir a los últimos bungalows de la zona, situados en lo alto de una colina en un extremo de la playa. O lo que es lo mismo, 20 minutos de camino de tierra llenos de repechos para llegar a la playa, los comercios, internet, etc etc.....Eso sí, las vistas eran increíbles, el servicio excelente y además tuvimos mascotas durante la semana ( un perrito rebautizado con el nombre de omellete, y en el bungalow de Prada y Barbe, apareció un dragon de más de un palmo).
Durante las primeras noches tuvimos tiempo de encontrárnos con muchísima gente conocida, con las que habíamos estado previamente en algún punto de Camboya o Laos, así como también de ampliar nuestro circulo de amistades. Ahi quedan esos mallorquines, las rapitenques ( Eva y Vane) y tantos otros. A destacar que más de la mitad de la gente era de Israel, y después de indagar, aún no nos quedo claro el porque de esa invasión, aunque no nos importó demasiado ya que los chicos parecían buena gente, y las chicas no son como nos las imaginábamos ( incluso encontramos a la hermana de Prada entre ellas).
Después de unas primeras noches ligths, llegó la hora de la Pool Party, que se celebra dos días antes de la Full Moon, y como indica su nombre, es una fiesta que se hace en un resort a pie de playa en el que la gente utiliza la piscina para sobrellevar mejor el calor de la noche. Así, entre bañito y bañito, pasan las horas y no te das ni cuenta, y ejemplo de ello, es que acabámos los 4 volviendo por su cuenta y a diferentes horas.....es lo que tiene conocer a más gente.
Al día siguiente, y después de nuestra sesión de sol de 6 de la tarde, nos pusimos en marcha para afrontar la pre-full moon party, donde nos habían dicho que ya se notaba más el ambiente, y no se equivocaron, al llegar a la playa había más de el doble de gente que las noches previas, y los locales ofrecían sus mejores espectáculos de fuego y ponían sus altavoces a todo volumen para atraer a la gente. La noche superó todas las expectativas, y entre "hemos perdido a barbe, vamos al panel a buscarlo", " escucha la música tio" o " me queda aún hasta las 7", nos pasó la noche volando, riendo, perdiéndonos, encontrándonos, volviendonos a reir......en definitiva, espectacular.
Al día después, ya 14 de Septiembre, nos encontrábamos en nuestra sesión de sol de tarde, comentando la jugada y esperando que se hiciera oscuro para la NOCHE. La rutina fué la de siempre, ducha, cena y a la playa. Al llegar ya nos dimos cuenta de que algo era diferente. Donde las noches anteriores había 1 puesto de buckets ahora habían 5, habían montados espectáculos por toda la playa, cada metro de arena estaba ocupado y parecía imposible poder encontrar a nadie entre la multitud. Así que marcamos un punto de encuentro para cuando nos separáramos. Lo cierto esque la fiesta no pintaba demasiado bien, primero por la aglomeración de gente, y segundo porque veíamos difícil superar a la noche anterior.
Poco a poco la cosa se fué animando, y poco a poco volvimos a tener momentos irrepetibles, que si pinturas, que si complementos, que si ahora vamos para aquí, y ahora para allá, que ahora Barbe se va con las rapitenques, Prada a conseguido un nuevo juguetito, Jaccobo un monito, y Xavi dándole al Bucket. Total, se nos hizo de día muy rápido, y no fué inconveniente para seguir la fiesta un rato más, hasta que los cuerpos se declararon en huelga....eso sí, antes de la subidita al hostal, un buen snitchel para recuperar fuerzas nos vino de muerte.
El día siguiente lo pasamos rememorando la noche, viendo las fotos, borrando muchas y sabiendo que si la pre fué buena, la Full fué IRREPETIBLE. Nos despedíamos de Kho Phan Nhgan sabiendo que no nos habíamos movido de una playa, pero sabiendo también que había sido una de las mejores semanas del viaje.

De Kho Phan Ngan, pusimos rumbo a Kho Tao, otra isla, esta vez más pequeñita, conocida mundialmente por sus centros de buceo. Inicialmente ibámos a estar 3 o 4 días para que Barbe estrenara su libro de buceo en el viaje, y la idea era ver otra isla más, pero nos gustó tanto el sitio que pronto decidimos estar ahí el resto de los días de Thailandia. Así pues, Prada aprovechó para sacarse el título de buceador ( PADI), ya que era una gran oportunidad por el precio y por el sitio donde hacías las inmersiones.
Los primeros días en la isla, estuvieron marcados por el curso y por las inmersiones de Prada y Barbe, mientras que Jacobo y Xavi aprovechaban un poco más la noche y la playita de día. En uno de los días de inmersión, Barbe tuvo la suerte de ver y poderse bañar 30 minutos con un tiburón ballena de 5 metros, una experiencia increíble, aunque costó lo suyo, porqué aquí el inteligente se olvidó de sacarse el cinturón de plomos con la emoción del momento.
Una vez terminado el tema buceo, nos dedicamos los 4 a explorar la isla en motos, y digo explorar porque habían unas montañas considerables para llegar a las mejores calas, y como es de suponer, la gran mayoría eran de arena. Lo que hacía la gente normal era alquilar motos de montaña o quads para hacerlo, pero costaban 5 veces más. Así que con dos motillos nos metimos por todos los rincones, patinazo por aquí, vigila la piedra por allá, en esta subida hay que bajarse uno porque no tira, ojo la bajada que los frenos no van muy bien, este ruido no es normal, etc etc.
Aunque en el momento sufres, fué bastante divertido, y pudimos bañarnos en las mejores playas, rodeados de peces por todos lados ( incluso vimos un tiburón de 1,5 metros, aunque su paso fué fugaz), barreras de coral enormes, piedras para poder practicar nuestros mortales, puestas de sol super bonitas, y todo esto poniéndonos morenos.
Las tardes las pasábamos en el Brother ( pub inglés), donde nos tomábamos algo y aprovechábamos el wi-fi gratis que ofrecían, para luego ir a cenar al mismo sitio de siempre, un bar local donde hacían una comida buenísima a un precio muy muy razonable. La vida nocturna estaba limitada a un solo local ( Lotus ) que además cerraba a las 2. Entre eso y la poca gente que había, nos obligaba a irnos pronto a dormir y aprovechar realmente lo bueno, que eran el sol y las aguas cristalinas. Con tanto relax, nos costó hacernos a la idea de que se había acabado, después de 8 días aún tienes ganas de quedarte 8 más.
Pero como nuestro viaje continua, tuvimos que decir adiós a la isla, adiós al relax absoluto y poner rumbo a Malasia. Y esta vez había algo nuevo, y era que otra vez volvíamos a estar sólos, Kho Tao fué el último destino con Jacobo y Xavi, ya que ellos regresaban ya a Barcelona. Así que iniciamos una tercera fase del viaje, otra vez mano a mano, y con el recuerdo de tantos y tantos momentos vividos en compañía durante los últimos 2 meses y medio. Des de aquí mandar un saludo a los 5 ( Cris, Javi, Pablo, Jacobo y Xavi) y decirles que a sido todo un placer conocerlos.

Prada y Barbe

Fotos:
http://picasaweb.google.com/guillermo.de.prada/Tailandia2KohPhanganYKohTao#

domingo, 21 de septiembre de 2008

Tailandia (1): Bangkok, Phuket y Koh Phi Phi

Viajamos desde Luang Prabang (Laos) a Bangkok, solos, por habernos separado de Pablo, Jacobo y Xavi por unos días ya que ellos ya habían visto Bangkok semanas atrás. Al no haber un autobus o tren directo desde Luang Prabang hasta Bangkok (¡en Laos no existe el tren!) tuvimos que dividir el trayecto en dos tramos.
En el primero, cogimos un autobus paupérrimo hasta Vientiane, capital de Laos. Como de costumbre, las doce horas de autobus a una temperatura tropical hicieron el viaje un poco duro. Y cuando a la temperatura se le suma que los asientos están diseñados para liliputienses de metro treinta, el viaje termina siendo un tanto infernal. De hecho, debido a que tuvimos que dormir con las piernas en alto porque no nos cabian entre asiento y asiento, estuvimos un dia y medio con los pies hinchados como globos. Pero bueno, ya no va a venir de doce horas malas de autobús. En peores plazas hemos toreado.
Llegados a Vientiane, tuvimos que esperar desde las 6 de la mañana hasta las 5 de la tarde, hora a la que salía nuestro tren destino Bangkok. La mejor opción para disfrutar de la espera fué una panaderia, básicamente por ser de los pocos establecimientos abiertos a esas horas intempestivas. Total, que nos pasamos de 6 de la mañana a 4 de la tarde sentados (cuando no tumbados) durmiendo en una panaderia-cafeteria en la que consumimos poco más que dos croissants. Había que ver las caras de los camareros...no tenían desperdicio. Después del feo de la panadería, cogemos el tren cama hacia Bangkok, sin mayores indicencias y acompañados de un pescador australiano reconvertido a monje budista. Viajar en tren, y más en tren cama, es un placer.
Llegamos a Bangkok. ¿Que decir de Bangkok? Quién haya estado estará de acuerdo en que es una ciudad de descripción dificil. Gente de todas partes, millones de travestis, otras tantas prostitutas, templos mezclados con edificios futuristas, paneles electronicos de mil colores y muchos, muchos, mochileros. Una mezcla curiosa y bastante explosiva.
Después de compartir taxi desde la estación de tren hasta Khao San Road, epicentro del movimiento mochilero (comunidad con la que cada vez estamos más integrados) con un parado italiano reconvertido a agente de importación/exportación, buscamos hostal y lo encontramos. Tan o más barato que en Laos, por cierto. Ya instalados, nos pasamos el primer dia metidos en una oficina de Japan Airlines debido a que tuvimos un pequeño problema con los billetes de avión. Todo solucionado con eficacia nipona. Billetes aparte, dedicamos nuestra estancia en Bangkok al turismo estándar: visita (exterior) a los templos más sonados, recorrido por los interminables mercados de China Town, y tal y tal. También le dedicamos nuestro tiempecillo a preparar un regalo de cumpleaños para la hermana de Barbe (Nati: ¡¡no nos dirás que no es original!!), lo cual no fué tarea fácil. Y aparte de turismo y regalos, el hecho de estar otra vez los dos solos nos sirvió para intentar retomar algunas actividades que un dia fueron parte de nuestra rutina pero que teniamos un poco en espera como pueden ser el salir a correr o escribir este mismo blog.
Al tercer dia en Bangkok nos reencontramos con Pablo, Xavi y Jacobo, que llegaron en autobús desde Pai, al norte de Tailandia. Una vez reunidos, fuimos a ver el espectáculo más dantesco pero más renombrado de Bangkok: El Ping Pong show. El show consiste en algo tan inverosímil como mujeres que lanzan pelotas de ping pong y otros objetos, tales como dardos, con sus partes más íntimas. Mientras algunos de los hombres que estén leyendo estas lineas estarán pensando "ostras, voy a mirar las fotos a ver si sacaron a alguna titi en pelotas...", la mayoría de mujeres estarán pensando que somos unos degenerados. A ver, es verdad que el espectáculo resultó ser más asqueroso que otra cosa (sobretodo teniendo en cuenta que las mujeres que resultan tener estas habilidades sobrenaturales son curiosamente las que están de peor ver), pero también es cierto que el Ping Pong show es, si no la número uno, una de las mayores atracciones turísticas de Bangkok y, de hecho, habían más mujeres que hombres viendo el espectáculo. Que levante la mano el que haya estado en Bangkok y no haya ido al Ping Pong. ¿Lo véis? Nadie.
Ah, en Bangkok también recibimos la noticia de la boda del 2009. ¡Felicidades Cinto y Marina!
Dejamos Bangkok rumbo a las islas del oeste de Tailandia. Sorpresa: ¡en avión! Más sorpresas: ¡huelga de aeropuertos justo el dia en que salimos! Tal como lo suena. Justo el dia en que nos estiramos un poco y nos decidimos a pagar un poquito más por un desplazamiento rápido y algo más cómodo, acabamos con el vuelo retrasado indefinidamente por huelga de los trabajadores tailandeses. La espera fué algo dura, especialmente para Pablo, que no se encontraba bien e incluso tenía algo de fiebre. Tras nueve horas de espera y de acaloradas discusiones futbolísticas (Barbe y Pablo son del Espanyol, Xavi y Prada del Barça, y Jacobo del Madrid...cóctel molotov), nos informan de que nuestro vuelo al menos saldrá el mismo dia en que estaba previsto, si bien más de diez horas tarde. Podría haber sido peor. Una vez en el avión, más problemas. Pablo empieza a tener tanta fiebre que le dan unos tembleques que nos dejan perplejos. En cuanto aterrizamos en Phuket y nos instalamos, llegan los vómitos de Pablo y rápidamente llamamos a un médico para asegurarnos de que se trata sólamente de una gripe y no malaria o denge, enfermedades que no son difíciles de contraer en Camboya o Laos. Efectivamente, el médico (que, por cierto, era más chamán que médico) nos asegura de que se trata sólamente de una gripe intestinal y nos quedamos tranquilos.
Al dia siguiente, el virus se cobra su segunda víctima: Xavi. Ya eran dos los que tenían fiebre alta, vómitos, y unos tembleques que ninguno de nosotros habiamos visto antes. Además, Pablo no podía comer porque todo lo que comía lo devolvia. Así que llamamos otra vez al medico y éste los ingresó en un hospital. Aterrizábamos en las islas con el pie izquierdo.
Mientras los dos convalecientes "agonizaban" en el hospital, el resto (Barbe, Jacobo y Prada) nos fuimos a conocer Phuket. De dia y de noche. De dia, la isla no es mucho más bonito que Playa de Aro. A pesar de su fama y supuesta reputación, Phuket no resultó ser ni por asomo la isla paradisíaca que podiamos esperarnos. Muy al contrario, nos encontramos con una playa más bien mediterránea y un paseo marítimo plagado de Burger Kings, McDonalds y centros de masaje. Lo dicho, Playa de Aro.
De noche, Phuket se vuelve más único y uno empieza a entender de donde le viene la fama. Alrededor de miedian noche, los garitos nocturnos empiezan a subir el volumen de su musica y con ello el ambiente se revuelve y los locales se abarrotan. Es entonces cuando saltan a escena las grandes protagonistas de la noche en Phuket: las prostitutas. Al entrar en cualquier local el espectaculo es dantesco. Docenas de prostitutas asediando a cualquier occidental que deje ver el más mínimo resquicio de vulnerabilidad en su cara. Cuanto más mayor, más fácil es el blanco para ellas. Como os decíamos, un espectáculo horrible. Eso es Phuket, un oasis de compañía para todo aquél que se sienta sólo. Y es que eso es justamente lo que se vende en Phuket: No sexo, sino compañía. Por las calles se pasean, ya por la mañana, señores de cincuenta en adelante con señoritas tailandesas de veinticinco. Se las llevan a comer, a la playa, a cenar, y ellas encantadas. Y ellos aún más. Hasta se cogen de la mano. Los hay que parecen enamorados, y no es broma. Y así, dos, tres, siete días y los que hagan falta. Más que prostitutas son parejas de alquiler. Las más espabiladas, convencerán a sus "amados" para que se queden a vivir con ellas en Tailandia (ellos pican más de lo que pensáis) y así vivir mantenidas de por vida. Y todos contentos.
Pero bueno, dejemos la prostitución y volvamos a los enfermos. Tras dos dias de convalecencia y unos varios litros de suero corriendo por sus venas, Pablo y Xavi finalmente salieron del hospital recuperados. Bueno, Pablo pareció salir recuperado a medias, aunque más tarde se tomó una doble cheese burguer con patatas y se le pasó la enfermedad de golpe.
Otra vez los cinco, y otra vez en movimiento a pesar de las inundaciones que asediaron Phuket. Siguiente destino, Koh Phi Phi: isla minúscula, meca mundial del submarinismo y escenario en el que se rodó La Playa (la de Di Caprio), así que paraje sin igual de playas paradisíacas. Hasta, nos dijeron, pueden verse tiburones.
Y en este párrafo es cuando explicamos lo bien que hemos buceado, las playas increíbles en las que nos hemos bañado, y que hasta hemos visto a Leonardo Di Caprio. Pues no. ¿Por qué? Por dos cosas. Una, el tiempo. Tiempo terrible durante toda nuestra estancia en Phi Phi. Lluvia y más lluvia, e incluso un pelo de fresco (para entendernos, frío tampoco, unos veinte grados, que ya son diez menos que la temperatura media que hemos tenido durante los tres primeros meses de viaje).
La segunda razón, los virus. Como era previsible, el virus gripal que primero acogieron Pablo y Xavi pasó a cada uno de los que en su dia estuvimos sanos. Primero Barbe con un constipado de tres pares de narices combinado con la segunda otitis de la temporada. Luego Prada con una sintomatología que no cabe describir aquí. Simplemente diremos que no se pudo separar del lavabo en dos días. Y por último cayó Jacobo, con un poco de todo. Además de los virus, tambien sufrimos el ataque de las cucarachas, las cuales atacaban nuestras mochilas en grupos de cinco. Muy bestia, ya veréis las fotos.
Así que poco pudimos disfrutar de la famosa Phi Phi y por tanto poco tenemos que contar. La verdad es que la isla parecía increible, y lo poco de playa que pudimos ver (básicamente desde el ferry en que llegamos) era espectacular. Bueno, que sirva como excusa para volver algún dia.
A pesar de las incidencias en Phi Phi, lo peor de la estancia fue que Pablo decidió marcharse de vuelta a Barcelona, antes de lo previsto, por no acabar de encontrarse bien y por tener que resolver algunos affaires universitarios. Pavel, te echamos y te seguiremos echando de menos.
Ásí que ya sólo quedamos cuatro.
En Phi Phi acabó nuestro recorrido por las islas del oeste de Tailandia. Desde allí dimos el salto a las del este: Koh Phangan y Koh Tao. ¿Qué que tal? Os lo explicamos en la próxima entrada.

Un abrazo,

Barbe y Prada

domingo, 7 de septiembre de 2008

Laos, el gran desconocido

Prácticamente desconocido para la mayoria de los mortales, Laos ha resultado ser el diamante en bruto del sudeste asiático y la más grande de las sorpresas que nos hemos llevado en lo que llevamos de viaje.
Atacamos Laos desde el norte de Camboya con los habituales problemas en la frontera y otras tantas incomodidades en el transporte que esta vez vamos a obviar para no repetirnos más de lo que ya venimos repitiéndonos. El primer destino una vez solventados los aspectos "geopolíticos" del cambio de país (véase también: sobornos a personal de aduanas) fue la zona de Si Phan Don, también conocida como el area de las cuatromil islas. Se trata de un conjunto de islas en el rio Mekong que forman una especie de delta bastante espectacular, especialmente en esta época del año en que la lluvia es el pan de cada día y el Mekong roza límites de capacidad. En realidad, la gran mayoria de las (presuntamente) cuatromil islas de Si Phan Don son más bien islotes y sólamente diez o doce son lo suficientemente grandes como para ser habitadas. Nosotros optamos por Don Det, a priori la más popular entre los backpackers y donde pensamos que, por tanto, encontraríamos a más gente de nuestro "rollo" y unos precios más asequibles.
La llegada hasta la propia isla fué curiosa porque, como decimos, el Mekong está a estas alturas de año casi desbordado y baja con muchísima fuerza. Y porque siete personas (recordamos: Jacobo, Pablo, Xavi, Javi, Cris y los mendas) con mochilas de 25kg cada una en una patera de dos metros de ancho con un micromotor que no parecía tener más fuerza que un cepillo de dientes eléctrico no era ni mucho menos nuestro sueño ideal de como cruzar los quinientos metros de enfuruñado Mekong que nos separaban de nuestra isla de destino. A pesar de que el naufragio nos pareció casi garantizado, estos asiáticos parecen saber lo que hacen y, aunque en varios momentos parecía que se nos llevaba la corriente, llegamos a Don Det sanos y salvos.
Ya en tierra firme, la vida en una isla de 6km de largo fué de lo más relajante. El mayor esfuerzo que hicimos fue montaros en bici para recorrer la costa en busca de los delfines que habitan en el Mekong y que dicen ser visibles (กes mentira!) a esa altura del río. Pinchazos de rueda, baños en el rio y más pinchazos fueron la tónica durante nuestra estancia en Don Det.
Aquéllos dias fueron seguramente el tiempo en que más aislados del mundo hemos estado en todo el viaje (y seguramente en nuestras vidas). Esta pequeña isla, en la que deben vivir no más cien personas (turistas a parte), no tiene corriente eléctrica y la única electricidad de la que se dispone es la producida por generadores y sólamente puede usarse durante tres horas al dia. El agua que llega hasta el lavabo no es más que el agua del río así que tuvimos que utilizar agua embotellada para lavarnos los dientes porque el agua del grifo parecía Cacaolat. Internet, por supuesto, era un bien de lujo, y los mosquitos son del tamaño de Pau Gasol. El lado positivo es que por fin hemos usado esas mosquiteras que tanto espacio ocupan en nuestras mochilas!
En cuanto a percances, sólo destacar que Xavi se pasó vomitando dos días y que fuimos testigos de la tormenta más escandalosa que hemos vivido jamás. Aparte de eso, todo bien.
Desde Don Det dimos el salto al Laos continental, pasando brevemente por Vientiane, la capital, para acabar en Vang Vieng, un poco más al norte. Esta vez, debido a que el trayecto a recorrer fué de 27 horas, decidimos coger un autobús local en lugar de las furgonetas y minibuses en las que nos desplazamos normalmente, para ahorrarnos unas perrillas y así seguir en la linea de "ahorro" que estamos intentando llevar. Es toda una experiencia porque los autobuses locales en Laos no sólo trasnportan personas, sino también todo tipo de mercancías, animales, otros vehículos, y hacen mudanzas, todo en un mismo autobús. En el pasillo de nuestro autobús habían colocados, entre otros, al menos 100kg de sacos de patatas y otros tubérculos, un sofá (es dificil de explicar como cabía un sofá en el pasillo de un autobús, pero juramos que así fué), veinte sillas de plástico, y nuestras mochilas. Además, el la vaca del autobús habían al menos diez motos y otro sofá. Estos tios saben como aprovechar los viajes.
Una vez en Vang Vieng, enseguida nos dimos cuenta de que este minúsculo pueblecito tiene algo muy particular. La calle está llena de bares y restaurantes con televisiones en las que sólo se emite Friends y llenos de australianos, italianos, ingleses, americanos, alemanes, holandeses, españoles y número exagerado de irlandeses (a lo que todavía no le hemos encontrado explicación coherente). El ambiente, lejos de ser el de un pueblecito rural en medio de la nada, es totalmente occidental, muy joven, movido, y un tanto portaventuresco. Y es que Vang Vieng es probablemente la localidad más famosa de Laos por tener una de las atracciones turísticas más populares de todo el sudeste asiático. A lo largo de unos 4km de orilla del Mekong, estos Laosianos han montado ocho o nueve bares con música a tope y con atracciones como tirolinas, trampolines, campos de futbol, etc...El tema consiste en recorrer los 4km rio abajo montado en un flotador gigante tipo donut, claro está, parando en cada uno de los bares (algo así como lo que hace Fernando Alonso al meterse en boxes) para tomarse, quien menos, un par de copas y pegar cuatro saltos al agua. El resultado: trescientas personas bajando 4km de rio en donut con una cogorza impresionante, bailando en las orillas, tirándose al río en voltereta y deslizándose por interminables tirolinas desde las 12 de la mañana hasta que el sol desaparece. Increíblemente divertido e increíblemente peligroso. Lo peor llega a la mañana siguiente cuando te levantas con un dolor de espalda matador, provocado por esa galleta monumental que te pegastes en el bar del trampolin cuando intentabas hacer ese doble mortal que sólo crees que sabes hacer cuando te has bebido media botella de Jack Danielดs...la otra pega es una resaca monumental, secuela de un dia entero de alcoholismo puro. Eso sí, como no hay nada mejor que un buen baño para combatir la resaca, todos al rio con el donut, y vuelta a empezar. Nosotros duramos dos días, pero conocimos a gente que llevaba ocho dias seguidos dándole al tema.
Dejamos Vang Vieng con cambios en el equipo. Cris y Javi pusieron punto y final a sus vacaciones y tomaron rumbo a Bangkok para desde allí coger un avión hasta nuestra añoradísima Barcelona. Javi, Cris: qué gran placer el haber podido compartir parte de este viaje con vosotros. Os echamos de menos.
Empapados de melancolía por las importantes bajas llegamos a Luang Prabang, un pequeño pueblo que resulta ser tan pintoresco que fué declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco hace ya unos cuantos años. La verdad es que el pueblecito tiene mucho encanto. Sus calles están plagadas de templos budistas y sus monjes, siempre vestidos de naranja y protegidos del sol por un paraguas del mismo color, se dejan ver a cualquier hora del día. Al contrario de lo que parece darse en otras religiones, el budismo parece ser casi más popular entre niños que entre adultos. La mayoría de los templos de Luang Prabang tienen escuelas budistas en las que las que los crios (literalmente, hay niños de siete u ocho años que ya van vestidos de naranja) aprenden lo que seguramente será la doctrina a la que dedicarán sus vidas. Si bien en algunos casos es de admirar que niños tan jóvenes se dediquen tan plenamente a su religión, la verdad es que en la mirada de algunos chavales puede intuirse que su dedicación se deriva de la ilusión que algunos padres deben tener puesta en eso de tener un hijo que se meta a monje...
Además de templos y monjes, Luang Prabang tiene un famoso mercadillo nocturno en el que se pueden comprar desde pájaros hasta cualquier baratija de plata. Lo de nocturno, es relativo, porque en Luang Prabang no hay ningún tipo de vida nocturna ya que hay un toque de queda a la once de la noche, imaginamos que para preservar la tranquilidad de los monjes. La verdad es que después de lo de Vang Vieng, unos dias de descanso nocturno nos vinieron que ni pintados. Además, nos sirvió para aprovechar más las mañanas y hacer alguna excursión. La más destacable, la que hicimos a unas cascadas (sí, otras) en las que las lapas nos cogieron cariño y acabamos con pies y tobillos ensangrentados tras arrancarnos decenas de ellas. Qué le vamos a hacer si los españoles somos así de atractivos...
Y así fué Laos, la última parada antes de asaltar el gran gigante del sudeste asiático: Tailandia. Por motivos logísticos, el grupo se dividió en dos antes de cruzar la frontera. Nosotros dos por un lado y Jacobo, Pablo y Xavi por el otro. La razón es que ellos tres ya visitaron Bangkok hace unos meses y por eso prefirieron ver otra zona mientras nosotros veiamos la capital. En Bangkok nos volvimos a reunir para dar el salto a las islas tailandesas. Pero bueno, eso ya es tema para la siguiente entrada...
Seguimos sin poder colgar las fotos, pero esperamos colgarlas pronto.
Un abrazo,
Barbe y Prada